Vivir conectados: una nueva conversación de Educación en Perspectiva sobre pantallas, bienestar y los desafíos de acompañar a niños y adolescentes
Las pantallas ya son parte de la vida cotidiana de niños y adolescentes. Están presentes cuando estudian, buscan información, se entretienen, se comunican y se vinculan. Pero, frente a una realidad que cambia cada vez más rápido, aparece una pregunta que invita a ir más allá de cuánto tiempo pasan conectados: ¿cómo construyen su vínculo con la tecnología y qué lugar ocupa ese vínculo en su bienestar?.
Sobre estos desafíos se conversó en la última edición de Educación en Perspectiva, el ciclo impulsado por la Unidad de Evaluación Integral de la Calidad y Equidad Educativa (UEICEE), en colaboración con UNICEF Argentina.
La conversación reunió a tres especialistas que aportaron perspectivas diferentes y complementarias: Silvina Pedrouzo, médica pediatra y especialista en desarrollo infantil, sumó la mirada de la salud y el desarrollo; Valeria Abusamra, doctora en Lingüística e investigadora del CONICET, aportó desde la investigación sobre procesos cognitivos, lectura y comprensión; y Victoria Ezcurra, gerenta de Educación Digital del Ministerio de Educación de la Ciudad, abordó los desafíos desde las políticas y las prácticas educativas.
Juntas pusieron en discusión una idea central: acompañar el vínculo con las pantallas requiere mirar más allá del dispositivo. La edad, los usos, los contextos, los vínculos y las experiencias de cada estudiante también forman parte de este debate.
Una realidad que los datos ayudan a comprender
Los números permiten dimensionar hasta qué punto los dispositivos forman parte de la vida cotidiana de los estudiantes. Según los resultados de los cuestionarios complementarios de FEPBA y TESBA, el 95% de los estudiantes de 7.º grado y el 97% de los de 3.º año de secundaria tienen un celular propio o compartido y lo utilizan todos los días.
El tiempo de uso también es significativo: alcanza casi las 6 horas diarias en 1.º año de secundaria y supera las 6 horas y media en 4.º año.
Estos datos son solo el punto de partida, porque no todas las experiencias frente a una pantalla son iguales. Durante el encuentro se puso el foco en qué hacen los chicos y adolescentes con la tecnología, y cómo y para qué la utilizan. Las pantallas pueden ser una herramienta para aprender: el 60% de los niños, niñas y adolescentes consultados por UNICEF señaló que las usa para hacer tareas, estudiar o repasar, y la mitad afirmó que aprende algo nuevo buscando en internet cotidianamente.
La conversación también abordó una dimensión que requiere especial atención: el bienestar socioemocional, y permitió pensar el lugar y el rol de las escuelas. ¿Cuándo tiene sentido incorporar una pantalla? ¿Para qué? ¿Cómo construir acuerdos de uso? ¿Cómo cuidar el bienestar y la convivencia?
En este sentido, se conversó sobre la regulación del uso de celulares implementada en las escuelas de la Ciudad y sobre las diferentes formas que puede asumir según el nivel educativo.
Las pantallas ya son parte de la vida cotidiana; el desafío no es solamente decidir cuánto usarlas, sino construir herramientas para acompañar cómo, cuándo y para qué utilizarlas.
Con esta edición, Educación en Perspectiva vuelve a poner la evidencia en conversación para abordar uno de los desafíos que atraviesan hoy a las escuelas, a las familias y a toda la comunidad educativa.
Un espacio para escuchar distintas voces, mirar los datos desde diferentes perspectivas y, sobre todo, convertir las preguntas que plantea la realidad en nuevas conversaciones que ayuden a pensar mejores respuestas.
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